6 plantas en infusión para el climaterio: consideraciones prácticas y evidencia 

En casa tengo un pequeño rincón dedicado a las plantas secas. No busco una planta milagrosa para cada síntoma, sino disfrutar preparando mezclas aromáticas que forman parte de mis hábitos. Algunas contienen compuestos bioactivos con los que procuro enriquecer mi dieta; otras, simplemente, hacen que detenerse diez minutos merezca la pena.

 

Para que ese rito tenga mayor trasfondo, suelo elegir con cuidado tanto los ingredientes como los recipientes, la forma de prepararlas y el momento del día. Son detalles prácticos que encontrarás aquí enfocados a la mujer durante el climaterio.

    

Antes de entrar en materia conviene hacer una apreciación que rara vez se menciona: si los sofocos son uno de los síntomas predominantes, las bebidas muy calientes pueden actuar como desencadenantes. No es la planta la que provoca el episodio, sino la temperatura de la bebida. Por ello, muchas mujeres toleran mejor las infusiones cuando se consumen templadas o tras dejar reposar la taza entre cinco y diez minutos. 

 

Tisanas frente a extractos: qué esperar

 

Es oportuno aclarar qué lo que solemos preparar en casa son tisanas, es decir, la “solución acuosa obtenida por infusión, decocción o maceración de una o varias drogas vegetales” (54). 

Una infusión extrae únicamente la fracción de compuestos que pasan al agua durante unos minutos. Muchos principios activos permanecen en el material vegetal, requieren otros disolventes para su extracción o se degradan con el calor. Por eso, la mayoría de los ensayos emplean extractos estandarizados, con una composición y/o dosis reproducible (6). En consecuencia, no es razonable esperar el mismo efecto de una taza de infusión que de una cápsula o extracto líquido. 

 

Esto no significa que las infusiones carezcan de interés. Se utilizan como tratamientos suaves en fitoterapia, constituyen una forma sencilla y agradable de incorporar pequeñas cantidades de compuestos bioactivos dentro de un estilo de vida saludable. Además, es prudente recordar que incluso cuando un tratamiento dispone de evidencia clínica, la respuesta individual nunca es idéntica en todas las personas.

 

Por otro lado, el propio acto de preparar y beber una infusión puede favorecer el bienestar. Ensayos clínicos han observado que una taza de té puede producir una mejora inmediata, aunque transitoria, del estado de ánimo, y que la experiencia combinada de contemplar, oler y beber una infusión favorece la relajación fisiológica y psicológica (45 y 9). Más allá de sus principios activos, la infusión puede convertirse en un pequeño ritual cotidiano de pausa, atención y disfrute.

 

Cuidando también la forma de preparar la infusión 

 

Respecto al agua, cuando la del grifo cumpla los controles sanitarios constituirá una buena elección y evitará recurrir innecesariamente a envases plásticos o materiales multicapa de un solo uso. Aunque, si existe alguna indicación concreta, también puede ser interesante consumir agua filtrada o enriquecida con minerales como el magnesio o el potasio. 

 

Siempre que sea posible prefiero utilizar planta seca suelta o bolsas de infusión elaboradas únicamente con papel sin recubrimientos o fibras vegetales no blanqueadas, procedentes de fabricantes que garanticen una correcta identificación botánica y controles de calidad. Si además proceden de agricultura ecológica, mejor aún, aunque esto no exime de mantener los controles habituales sobre contaminantes, ya que las plantas medicinales también pueden acumular metales pesados procedentes del suelo o del ambiente (42).

 

Diversos estudios -de migración de sustancias, de biomonitoreo o simples revisiones narrativas- han recogido que algunas bolsas de infusión fabricadas con nylon, PET u otros derivados del petróleo pueden liberar micro- y nanoplásticos cuando entran en contacto con agua cercana al punto de ebullición (10, 16 y 41). Además, algunos trabajos han detectado la migración simultánea de aditivos como ftalatos y otras sustancias potencialmente preocupantes desde determinados materiales empleados en la fabricación de las bolsas (20). Aunque las bolsas de papel reducen esta exposición, no siempre la eliminan por completo, ya que algunas incorporan sellados o componentes plásticos. Por ello, cuando es posible, prefiero utilizar un infusor de acero inoxidable de calidad alimentaria -AISI 304 o 316-, vidrio de borosilicato o cerámica alimentaria y preparar la infusión con planta suelta.

 

También conviene elegir cuidadosamente el recipiente. Las tazas o teteras de vidrio y la cerámica destinada al uso alimentario son opciones adecuadas, mientras que resulta prudente evitar recipientes antiguos, con esmaltes deteriorados o decoraciones artesanales o de procedencia desconocida, especialmente cuando alcanzan el borde de la taza. Estudios de vigilancia y de migración han demostrado que determinados esmaltes pueden liberar plomo y cadmio, sobre todo desde las zonas decoradas en contacto con los labios, y que algunos productos comercializados pueden dar lugar a exposiciones relevantes, motivo por el que varios autores han reclamado una revisión de los límites regulatorios europeos (30, 39 y 51). Tampoco me parecen una buena elección los vasos de cartón recubiertos con polímeros plásticos cuando existen alternativas más inertes y sostenibles. Un uso aislado no es un drama, pero en toxicología cada vez se presta más atención al efecto combinado de múltiples exposiciones de baja intensidad a lo largo del tiempo.

 

Visión al detalle de seis plantas orientadas al climaterio

 

Tras revisar la literatura científica disponible, estas son las seis plantas que más me llamaron la atención por su posible utilidad durante el climaterio. No son las únicas que se han investigado ni todas cuentan con el mismo nivel de evidencia clínica, pero sí reúnen un equilibrio interesante entre tradición de uso, plausibilidad biológica en estudios preclínicos -realizados en células y modelos animales- y, en algunos casos, presentan ensayos clínicos, realizados normalmente con extractos estandarizados. Como era esperable, la evidencia clínica disponible continúa siendo limitada y los ensayos clínicos aleatorizados y metaanálisis de calidad siguen siendo escasos.

 

Conocer qué compuestos contienen, cómo podrían actuar, qué evidencia respalda su empleo y cuáles son sus principales precauciones permite utilizarlas con un enfoque mucho más crítico y seguro. Por ello, en las siguientes fichas encontrarás un resumen práctico organizado en cinco apartados: indicaciones, compuestos bioactivos, mecanismos plausibles, evidencia científica y seguridad.

 

Salvia officinalis

 

La salvia es probablemente la planta con mayor respaldo científico para el alivio de los sofocos (13 y 33) y la sudoración asociados al climaterio (27 y 50). Algunos estudios también sugieren beneficios sobre el bienestar general (19, 47 y 58) y determinados aspectos cognitivos (8, 19 y 58), aunque la evidencia es más sólida para los síntomas vasomotores (33).

 

Sus hojas contienen principalmente ácidos fenólicos, como el ácido rosmarínico, y diterpenos, entre los que destacan el ácido carnósico y el carnosol (50). También aporta componentes del aceite esencial, como el 1,8-cineol y flavonoides -luteolina, apigenina y quercetina- (27). En estudios preclínicos, estos compuestos han mostrado propiedades antioxidantes, antiinflamatorias (8) y neuroprotectoras (8 y 27), además de una discreta actividad fitoestrogénica atribuida principalmente a algunos flavonoides (27 y 38).

 

Los mecanismos propuestos para explicar su posible utilidad durante el climaterio parecen depender más de la modulación de las vías neurológicas implicadas en la termorregulación —incluyendo los sistemas serotoninérgico, colinérgico, GABAérgico y adrenérgico— que de un efecto estrogénico directo (50). Esta hipotética combinación de acciones sobre los receptores muscarínicos M3 (sudor) y adrenérgicos α2A (sofocos) permitiría a la salvia actuar tanto a nivel central (hipotálamo) como periférico (glándulas y vasos sanguíneos) (50). Además, compuestos de la salvia podrían proteger las neuronas del estrés oxidativo y la pérdida sináptica asociada a la caída de estrógenos gracias a su acción antioxidante y antiinflamatoria (8).

 

La plausibilidad biológica de estos mecanismos se ve respaldada por diversos ensayos clínicos realizados con extractos estandarizados (56 y 58).  Estos hallazgos también han sido sintetizados artículos de mayor nivel de evidencia científica, como el metaanálisis de Moradi y colaboradores. Aunque persiste cierta heterogeneidad metodológica entre los estudios (13, 40 y 33).

 

La salvia presenta un perfil de seguridad generalmente favorable en dosis habituales (19). No obstante, se recomienda evitar dosis elevadas durante el embarazo y la lactancia, debido al contenido de tuyona (neurotóxica) en algunos preparados (27). También se ha descrito una posible interacción con fármacos colinérgicos por la capacidad de algunos componentes de inhibir la enzima acetilcolinesterasa y, en personas especialmente sensibles, efectos como nerviosismo o taquicardia (19 y 47).

 

Humulus lupulus

 

Los posibles beneficios del lúpulo en el climaterio parecen explicarse gracias a su actividad fitoestrogénica con potencial para aliviar los sofocos y otros síntomas vasomotores (17 y 46). Tradicionalmente se ha usado como ayuda para el sueño (hipnótico suave), para reducir la ansiedad y el nerviosismo (1).

 

Entre sus principales compuestos bioactivos destacan los prenilflavonoides, especialmente la 8-prenilnaringenina, considerada uno de los fitoestrógenos más potentes descritos hasta la fecha (37 y 46). Otros compuestos relevantes son el xantohumol, la isoxantohumol y 6-prenilnaringenina (21).

 

Los mecanismos propuestos para explicar los posibles beneficios del lúpulo en el climaterio parecen depender principalmente de su actividad fitoestrogénica (49). La 8-prenilnaringenina puede unirse a los receptores de estrógenos (15 y 26), aunque su actividad estrogénica es aproximadamente diez veces inferior a la del estradiol endógeno (24). Además, se puede obtener 8-prenilnaringenina  a partir de isoxantohumol gracias a la intervención de la microbiota. Sin embargo, únicamente entre el 35 y el 40% de la población parece disponer de una microbiota capaz de realizar una conversión eficiente  (21 y 37). Este mecanismo podría explicar, al menos en parte, por qué la respuesta clínica al lúpulo puede variar significativamente entre personas (46). Por otra parte, el xantohumol ha mostrado en estudios preclínicos propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y quimiopreventivas (15, 55 y 57) y parece favorecer un metabolismo de los estrógenos considerado potencialmente más seguro (6). En concreto, se ha observado que extractos estandarizados de xantohumol y 6-prenilnaringenina inducían la vía de la 2-hidroxilación de los estrógenos a través del receptor de hidrocarburos de Arilo, favoreciendo un metabolismo hormonal más seguro y potencialmente protector frente a procesos tumorigénicos (55).

 

La evidencia disponible incluye numerosos estudios preclínicos (15, 24, 26, 35, 36, 53, 55 y 57) y un par de ensayos clínicos aleatorizados que han descrito una reducción moderada de los sofocos y de otros síntomas empleando extractos de lúpulo (17 y 1). Sin embargo, los resultados no son uniformes y el efecto placebo observado llega a alcanzar rangos de entre el 15% y el 50% (17). Por ello, las revisiones sistemáticas concluyen que la evidencia científica continúa siendo limitada y hacen falta más ensayos de mayor calidad metodológica (21). En este sentido, la evidencia disponible se considera menos consistente que la de otras plantas como la salvia, el trébol rojo o la cimicífuga (6).

 

El lúpulo presenta un perfil de seguridad generalmente favorable cuando se emplea en las dosis habituales (1 y 17) y es una planta con larga historia de consumo humano debido a su uso en la elaboración de cerveza (5). No obstante, debido a su actividad estrogénica y a su posible interacción con enzimas implicadas en el metabolismo de diversos fármacos, se recomienda utilizar suplementos estandarizados y extremar la precaución en mujeres polimedicadas o con antecedentes de enfermedades dependientes de estrógenos, como endometriosis, cáncer de mama o cáncer de endometrio (49 y 52).

 

Foeniculum vulgare

 

El hinojo se ha estudiado como una posible alternativa para aliviar sofocos, desórdenes del sueño (18), ansiedad, depresión (13), indigestión, cólicos, atrofia vaginal y flatulencias (19 y 25).

 

Esta planta contiene numerosos bioactivos, entre los que destacan el anetol, dianetol y fotoanetol (12), además de flavonoides, ácidos fenólicos, cumarinas, terpenoides y fitoesteroles como el β-sitosterol (13 y 44).

 

Los mecanismos propuestos para explicar sus posibles beneficios parecen depender principalmente de su actividad fitoestrogénica (12). Además, sus polifenoles han mostrado propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que podrían contribuir a reducir el estrés oxidativo asociado al envejecimiento y a la transición menopáusica (12 y 47). Estudios experimentales también sugieren una posible interacción con los sistemas GABAérgico y serotoninérgico, lo que podría contribuir a efectos beneficiosos sobre el estado de ánimo y el sueño, aunque estos mecanismos todavía no han sido confirmados en humanos (19, 29 y 44).

 

La evidencia clínica disponible muestra una mejoría de diversos síntomas menopáusicos tras el empleo de preparados de hinojo (12, 13 y 18). Asimismo, dos metaanálisis recientes concluyen que Foeniculum vulgare podría ser una alternativa útil para aliviar los síntomas vasomotores y genitourinarios del climaterio. No obstante, la calidad metodológica de los estudios es variable y los autores coinciden en la necesidad de realizar ensayos clínicos de mayor tamaño y duración para confirmar su eficacia y seguridad a largo plazo (25 y 43).

 

El hinojo presenta un perfil de seguridad generalmente favorable cuando se consume en las dosis habituales. Sin embargo, debido a su actividad fitoestrogénica, se recomienda un uso prudente en mujeres con enfermedades dependientes de estrógenos y evitar tratamientos prolongados sin supervisión de un profesional sanitario, especialmente por su potencial interacción con enzimas del metabolismo de fármacos como el citocromo P450  (29 y 54). No es una infusión apta durante el embarazo (29).

 

Valeriana officinalis

 

La valeriana se ha utilizado tradicionalmente por sus propiedades sedantes e hipnóticas para aliviar la tensión nerviosa leve, la ansiedad, el estrés, los trastornos del sueño y, en menor medida, los sofocos (7 y 21). 

 

Aporta ácido valerénico, los valepotriatos, aceites esenciales ricos en mono- y sesquiterpenos, lignanos, alcaloides piridínicos y pequeñas cantidades de aminoácidos, incluyendo el GABA (6).

 

Los mecanismos propuestos para explicar sus posibles beneficios parecen depender principalmente de la modulación del sistema GABAérgico. En estudios preclínicos, el ácido valerénico y otros constituyentes de la valeriana han mostrado afinidad por receptores GABAA, capacidad para inhibir la recaptación del neurotransmisor GABA y para inhibir la enzima GABA-transaminasa (GABA-T). Estos mecanismos podrían explicar sus efectos sedantes y ansiolíticos, así como su capacidad para favorecer la conciliación y la calidad del sueño (11 y 19). Además, algunos estudios experimentales sugieren una posible interacción con receptores serotoninérgicos (5-HT5A) y de adenosina (A1), aunque la relevancia clínica de estos mecanismos todavía no está bien establecida en humanos (6).

 

Diversos ensayos clínicos han mostrado una mejoría de la calidad del sueño en mujeres posmenopáusicas con insomnio, sugiriéndose su uso para el insomnio crónico, pero todavía se requiere realizar más estudios (4). Algunos también han observado una reducción de la frecuencia o intensidad de los sofocos (18, 31 y 48). Sin embargo, las revisiones sistemáticas y el metaanálisis disponible concluyen que la evidencia continúa siendo limitada y heterogénea, por lo que actualmente no puede confirmarse con certeza su eficacia para el tratamiento de los síntomas menopáusicos (2 y 22).

 

La valeriana presenta un perfil de seguridad generalmente favorable cuando se utiliza durante periodos cortos y en las dosis habituales (19). No obstante, se ha documentado que un alto porcentaje de usuarias no informa de su consumo al médico, lo que pone de manifiesto la importancia de que los profesionales sanitarios conozcan su consumo para prevenir posibles interacciones (28). Por sus efectos sedantes, se recomienda precaución cuando se administra junto con otros fármacos o plantas con acción depresora sobre el sistema nervioso central y evitar su consumo antes de realizar actividades que requieran un elevado estado de alerta, como la conducción (6) y en menores de 3 años (54).

 

Melissa officinalis

 

Tradicionalmente, la melisa se ha utilizado para el alivio de la ansiedad, el nerviosismo y las alteraciones del sueño (19). En el contexto del climaterio, se ha propuesto que podría contribuir a mejorar la calidad de vida gracias a sus efectos sobre el sistema nervioso central (47).

 

Entre sus principales compuestos bioactivos destacan el ácido rosmarínico, el ácido cafeico, el ácido clorogénico, flavonoides como la quercetina y la luteolina, y aceites esenciales ricos en citronelal, geranial y neral (47).

 

La mayor parte de los mecanismos propuestos proceden de estudios preclínicos. El ácido rosmarínico y otros polifenoles han mostrado propiedades antioxidantes y neuroprotectoras, mientras que algunos de sus compuestos podrían modular el sistema GABAérgico mediante la inhibición de la degradación del neurotransmisor GABA, favoreciendo sus efectos ansiolíticos y relajantes (19, 44 y 47).

 

La evidencia clínica disponible es escasa. El único ensayo clínico identificado evaluó una combinación de melisa e hinojo en mujeres posmenopáusicas con trastornos del sueño y observó una mejoría de la calidad de vida y de los síntomas vasomotores, psicosociales, físicos y sexuales frente a placebo (44). Sin embargo, al tratarse de una combinación de plantas, no es posible atribuir estos efectos exclusivamente a Melissa officinalis, por lo que actualmente la evidencia se considera insuficiente para recomendar su uso específico durante el climaterio (19).

 

El perfil de seguridad de está planta en las dosis habituales es favorable. No obstante, por su efecto sedante, conviene utilizarla con precaución junto con otros fármacos o plantas con acción depresora sobre el sistema nervioso central (19 y 47).

 

Passiflora incarnata

 

La pasiflora se ha utilizado tradicionalmente para aliviar la ansiedad, el nerviosismo y las alteraciones del sueño (23). Su posible utilidad durante el climaterio parece relacionarse principalmente con estos síntomas, más que con un efecto hormonal directo (19).

 

Entre sus principales compuestos bioactivos destacan flavonoides como la vitexina, la isovitexina, la orientina, la apigenina y la luteolina, además de pequeñas cantidades de alcaloides indólicos, aminoácidos como el GABA y compuestos como el maltol  (3 y 23).

 

Los mecanismos propuestos proceden principalmente de estudios preclínicos. Sus extractos podrían modular el sistema GABAérgico mediante la interacción con los receptores GABA-A y GABA-B, lo que explicaría sus efectos ansiolíticos y relajantes. Algunos de sus flavonoides también han mostrado propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, aunque la posible actividad fitoestrogénica sigue siendo incierta (3 y 32).

 

La evidencia clínica sobre su empleo durante el climaterio es muy limitada. Las revisiones disponibles concluyen que los ensayos son escasos y heterogéneos, por lo que actualmente no puede recomendarse su uso específico para los síntomas menopáusicos (32).

 

La pasiflora se considera una planta generalmente segura, pero está contraindicada durante el embarazo y debe emplearse con precaución junto con otros depresores del sistema nervioso central, evitando además los tratamientos prolongados debido a la limitada evidencia disponible (32).

 

Dosis orientativas en infusión y cómo prepararlas

 

Las siguientes dosis son orientativas y proceden del Vademécum de Prescripción de Fitoterapia (54) Tienen un fin educativo y no sustituyen la valoración individualizada por un profesional sanitario.

 

Como norma general, utiliza agua a 90-95 °C, viértela sobre la planta y mantén la infusión tapada durante el tiempo indicado. Después filtra y deja atemperar antes de consumirla, especialmente si los sofocos son un síntoma predominante. Cuando incorpores una planta por primera vez, comienza por la dosis más baja y manténla 2-4 semanas antes de valorar su efecto.

 

 

  • Salvia: 1-2,5 g de hoja seca/taza · 5-10 min · hasta 3 veces/día. Perfil sensorial herbáceo y ligeramente alcanforado. Marida bien con menta o piel de cítricos. 

  • Lúpulo: 0,5 g conos/taza · 5-10 min · 2-4 veces/día. Posee un sabor muy amargo. Resulta más agradable en mezcla con una pizca de estevia (Stevia rebaudiana), cítricos o frutas tropicales. 

  • Hinojo: 5–7 g de fruto ligeramente machacado/taza · 10-15 min · 1-3 veces/día. Aporta un sabor naturalmente dulce y anisado. Es una aromática digestiva ideal tras las comidas. 

  • Pasiflora: 2,5 g/taza · 10 min · 1-2 veces/día. Perfil herbal suave, especialmente agradable por la tarde o la noche. 

  • Valeriana: 2-3 g de raíz/taza · 10-15 min, siempre tapada · 1-3 veces/día, preferentemente por la noche. Olor intenso y poco agradable. Sabor: terroso por lo que suele combinarse con melisa o lavanda (Lavandula angustifolia Miller). Puede requerir 2-4 semanas para apreciar plenamente sus efectos. Si se utiliza para favorecer el sueño, suele administrarse una toma a media tarde y otra 1-2 horas antes de acostarse.

  • Melisa: 1,5-4,5 g de hoja/taza · 5-10 min · 2-3 veces/día. Confiere una frescura cítrica muy agradable y suele tomarse por la tarde-noche. 

 

Conclusiones

 

En definitiva, con estas seis opciones ya puedes incorporar algunas infusiones interesantes a tu dieta durante el climaterio. Conviene recordar, sin embargo, que una taza no equivale a un extracto estandarizado y que sus efectos serán, por lo general, más discretos y variables.

 

Entre las plantas revisadas, la salvia y el lúpulo son las que cuentan con mayor respaldo para aliviar los sofocos cuando se emplean en extractos estandarizados, mientras que la melisa, la valeriana y la pasiflora pueden resultar especialmente útiles cuando predominan el nerviosismo, la ansiedad o las dificultades para dormir. El hinojo ocupa una posición intermedia gracias a su actividad fitoestrogénica y a los resultados prometedores observados en algunos estudios clínicos.

 

Elegir plantas de calidad, prepararlas correctamente y utilizar materiales inertes como acero inoxidable, vidrio o cerámica alimentaria son pequeños gestos coherentes con un enfoque prudente. Además, el propio acto de preparar una infusión, dejarla atemperar si el calor desencadena sofocos y dedicar unos minutos a disfrutarla también forma parte del cuidado personal. Como siempre en fitoterapia, si existen enfermedades hormonodependientes, embarazo, lactancia o tratamientos farmacológicos, es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario.

 

La fitoterapia para el climaterio es un campo en constante evolución y existen muchas otras plantas con potencial interés que todavía no he incluido en esta revisión, como el hipérico, la amapola, la jara, la manzanilla, el fenogreco, el jengibre, entre otras. He preferido centrar este artículo en seis infusiones para mantener una lectura práctica y amena.

 

¿Echas en falta alguna planta o te gustaría que investigara alguna en concreto? Puedes indicármelo a través del formulario de contacto. Seguiré revisando la literatura científica, y si merece la pena, prepararé una segunda parte.

 

En próximos artículos revisaré la evidencia disponible sobre algunos suplementos utilizados durante el climaterio, como el trébol rojo, el sauzgatillo, la ashwagandha o la rhodiola, centrándome especialmente en los estudios realizados con extractos estandarizados y otras formas farmacéuticas.

¡Hasta el próximo café!  

Referencias:

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