Sequedad vaginal en el climaterio: qué ocurre y cómo aliviarla

La sequedad vaginal es una de las molestias más frecuentes alrededor de la menopausia, aunque muchas veces se vive en silencio o se considera una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Sensaciones como tirantez, irritación o incomodidad pueden aparecer de forma progresiva y afectar tanto al bienestar diario como a la calidad de vida.

 

Pero lejos de ser un signo de deterioro o un problema sin solución, estos cambios responden a procesos biológicos concretos que pueden comprenderse y abordarse. Entender qué ocurre en el tejido vaginal durante esta etapa permite no solo normalizar lo que sucede, sino también identificar qué estrategias de cuidado pueden marcar la diferencia. 

 

En este contexto, el uso de hidratantes y lubricantes adecuados ha cobrado especial relevancia como parte del cuidado íntimo. En este artículo abordaremos qué ocurre en la mucosa vaginal durante esta transición y qué opciones existen para acompañarla de forma respetuosa y basada en la evidencia. 

¿Qué ocurre en torno a la menopausia?

La menopausia, en sentido estricto, hace referencia a un momento concreto en la vida de la mujer: la última regla. Este suceso marca el inicio de la postmenopausia. La clínica es la de una mujer que pasa 12 meses sin regla y, en analítica sanguíneas seriadas, tiene el estradiol por debajo de 20 pg/mL y la FSH por encima de 40 mUI/mL. El climaterio abarca gran parte de la premenopausia y parte de la postmenopausia, dónde tenemos sintomatología asociada. En ésta etapa, la disminución de estrógenos tiene efectos directos sobre tejidos especialmente sensibles a estas hormonas, como la mucosa vaginal, lo que ayuda a explicar síntomas como la sequedad, la irritación o el malestar durante las relaciones sexuales.

Sin embargo, la experiencia es diversa. Otros cambios que a menudo se atribuyen a la menopausia pueden estar relacionados con procesos metabólicos previos —como alteraciones en el tejido adiposo, la función endotelial, la masa muscular o la ósea— que se hacen más evidentes en esta etapa. 

 

El cese de la actividad folicular ovárica provoca una disminución significativa de la producción de estrógenos (1). Este cambio hormonal desencadena alteraciones en el tracto genitourinario conocidas como síndrome genitourinario de la menopausia (2). La reducción de estrógenos afecta directamente a los tejidos vaginales, provocando un adelgazamiento del epitelio y una menor producción de colágeno, lo que da lugar a una mucosa más frágil, menos elástica y con menor capacidad de regeneración (3). Además, disminuye la lubricación natural, favoreciendo la sequedad (4). Paralelamente, se reduce el glucógeno disponible, disminuyen los Lactobacillus —responsables de producir ácido láctico— y aumenta el pH vaginal, debilitando la función protectora y favoreciendo desequilibrios en el microbioma (5).

¿Qué opciones existen? 

El manejo del síndrome genitourinario de la menopausia depende de la intensidad de los síntomas y de las preferencias individuales. En casos leves, se priorizan las alternativas no hormonales, como lubricantes e hidratantes vaginales. Además, se recomienda abordar factores de estilo de vida que pueden influir en la salud del tejido genitourinario, como el mantenimiento de una buena condición física, una vida sexual activa, una alimentación equilibrada y hábitos que favorezcan la hidratación y la circulación tisular.  

 

En algunos casos, también pueden considerarse intervenciones complementarias, como terapias con energía (láser) o estrategias dirigidas al microbioma, incluyendo el uso de probióticos (3). En situaciones más severas, los tratamientos hormonales locales siguen siendo la opción más eficaz para revertir los cambios atróficos (6). Sin embargo, su eficacia también depende del entorno biológico sobre el que actúan. La mucosa vaginal no es un tejido aislado, sino un ecosistema vivo cuya capacidad de reparación depende del estado del epitelio, el colágeno, la vascularización, el equilibrio del microbioma vaginal e incluso de la salud de la microbiota intestinal, cada vez más relacionada con el mantenimiento de la función de las mucosas. Factores como la alimentación, el sueño, el estrés, algunos fármacos, el tabaquismo o la presencia de inflamación crónica de bajo grado también pueden influir en la respuesta del tejido. Por ello, comprender la salud íntima desde una perspectiva más amplia permite complementar los tratamientos locales con otras medidas de cuidado adaptadas a cada mujer.  

Lubricantes y humectantes

Los lubricantes y los hidratantes constituyen la base del cuidado íntimo en la menopausia, aunque su función es diferente. Los lubricantes se emplean de forma puntual para reducir la fricción, especialmente durante las relaciones sexuales, proporcionando un alivio inmediato. En cambio, los hidratantes se utilizan de forma regular para mejorar la hidratación del tejido (5), ya que están diseñados para adherirse al epitelio vaginal, rehidratarlo y contribuir a restaurar su función, con efectos que pueden mantenerse durante varios días (7). 

 

Dentro de estos últimos, las formulaciones con ácido hialurónico han mostrado resultados comparables a los estrógenos locales en la mejora de la sequedad y el pH vaginal 8). 


La eficacia y tolerancia de estos productos dependen en gran medida de su formulación. El pH debe ser similar al fisiológico para no alterar el microbioma, y la osmolalidad -la concentración total de partículas disueltas en un fluido- debe ser adecuada para evitar irritación o daño epitelial (5). En este contexto, los hidratantes de base acuosa suelen ser mejor tolerados y más compatibles con el uso continuado. 

Ácido hialurónico

El ácido hialurónico es uno de los ingredientes más estudiados dentro de las alternativas no hormonales para el manejo de la sequedad vaginal asociada a la menopausia. Se trata de una molécula presente de forma natural en el organismo, conocida por su capacidad para retener grandes cantidades de agua y contribuir a la hidratación y elasticidad de los tejidos (9).

Aplicado localmente en forma de geles u óvulos, actúa adhiriéndose a la mucosa vaginal y proporcionando una hidratación prolongada, similar a la de las secreciones naturales (10). Además de su efecto humectante, puede favorecer procesos de reparación tisular al facilitar la migración celular y mejorar la integridad del epitelio (9).

 

Diversos estudios han mostrado que su uso regular mejora de forma significativa síntomas como la sequedad, el picor, la irritación o el dolor durante las relaciones sexuales 8). En algunos casos, su eficacia en la mejora del confort vaginal y del pH se ha descrito como comparable a la de los estrógenos locales en cuadros leves o moderados (4). Por su buen perfil de tolerancia y la ausencia de efecto hormonal sistémico, se considera una opción adecuada dentro de las estrategias no hormonales de cuidado íntimo (10).

 

Calidad y composición ¿Son todos los productos iguales?

No todos los productos ofrecen el mismo nivel de tolerancia, ya que su composición puede variar considerablemente. Para ser adecuados, deben respetar las condiciones fisiológicas del entorno vaginal. El pH debe mantenerse en un rango ácido -generalmente entre 3,5 y 4,5- y la osmolalidad debe evitar niveles elevados que puedan deshidratar el tejido; idealmente por debajo de 380 mOsm/kg y, en la práctica, no superior a 1200 mOsm/kg  (10). Mantener estos parámetros es fundamental para no alterar el equilibrio del microbioma ni comprometer la función protectora de los Lactobacillus (5). 


Además, ciertos ingredientes pueden afectar la tolerancia, especialmente en una mucosa ya sensibilizada. El uso en altas concentraciones de glicoles, como la glicerina o el propilenglicol, pueden aumentar la osmolalidad en altas concentraciones y favorecer desequilibrios microbiológicos (10). Algunos conservantes y agentes antimicrobianos también pueden resultar irritantes y promover disbiosis – alteración del microbioma-. Por ello, se recomienda optar por formulaciones simples, con pH adecuado, buena tolerancia y activos como el ácido hialurónico, que aportan hidratación sin efecto hormonal (8).

Consejos prácticos

Para manejar la sequedad vaginal de forma eficaz, es importante elegir productos que respeten las condiciones fisiológicas del entorno vaginal. Los hidratantes deben utilizarse de forma regular, 1 a 3 veces por semana, para mantener la hidratación y aliviar molestias persistentes, mientras que los lubricantes se emplean de forma puntual para reducir la fricción durante las relaciones sexuales (9). Puede ser interesante la aplicación tópica de aceite de espino amarillo (Hippophae rhamnoides) bio sobre la vulva por su aporte de omega 7 que seguiremos comentando en otro post sobre suplementos. 

 

A la hora de elegir un producto, se recomienda optar por formulaciones de base acuosa, con un pH similar al vaginal y una osmolalidad adecuada para evitar irritación o daño epitelial (5). Es especialmente importante evitar productos hiperosmolares, ya que pueden extraer agua de las células del epitelio vaginal, favoreciendo la deshidratación del tejido y la alteración de la función barrera. Este efecto puede observarse en formulaciones con altas concentraciones de ciertos glicoles, como el propilenglicol o la glicerina (10). 

 

También es aconsejable evitar ingredientes potencialmente irritantes en mucosas sensibles. Además, ciertos hábitos pueden contribuir al bienestar, como mantener una vida activa (con orgasmos incluídos), una alimentación equilibrada, descanso adecuado, relaciones sociales de calidad y evitar la exposición a sustancias potencialmente tóxicas.

Conclusión

La sequedad vaginal forma parte de los cambios que pueden acompañar al climaterio. Algunas mujeres serán muy conscientes de ellos y otras apenas lo notarán. Aunque pueda afectar al confort diario y a la calidad de vida, existen diferentes opciones para aliviar síntomas y mejorar el bienestar íntimo. No debería vivirse con resignación.

 

En función de la intensidad del cuadro, pueden emplearse tanto tratamientos hormonales —considerados los más eficaces para revertir los cambios atróficos— como alternativas no hormonales, especialmente en casos leves o cuando existen contraindicaciones. Entre estas últimas, el uso adecuado de hidratantes y lubricantes con buena tolerancia y composición fisiológicamente compatible puede ayudar a mejorar la hidratación y proteger la mucosa vaginal. 

 

En este contexto, algunas formulaciones con ácido hialurónico han mostrado buenos resultados en la mejora del confort vaginal. Elegir el enfoque más adecuado, junto con unos hábitos de cuidado apropiados, puede contribuir de forma significativa a mantener la salud íntima a largo plazo.

 

¡Hasta el próximo café! ☕

Referencias:

  1. Crandall, C. J., Mehta, J. M., & Manson, J. E. (2023). Management of Menopausal Symptoms: A Review. JAMA, 329(5), 405–420. https://doi.org/10.1001/jama.2022.24140 

  2. Cox, S., Nasseri, R., Rubin, R. S., & Santiago-Lastra, Y. (2023). Genitourinary Syndrome of Menopause. The Medical clinics of North America, 107(2), 357–369. https://doi.org/10.1016/j.mcna.2022.10.017 

  3. Muhleisen, A. L., & Herbst-Kralovetz, M. M. (2016). Menopause and the vaginal microbiome. Maturitas, 91, 42–50. https://doi.org/10.1016/j.maturitas.2016.05.015 

  4. Benini, V., Ruffolo, A. F., Casiraghi, A., Degliuomini, R. S., Frigerio, M., Braga, A., Serati, M., Torella, M., Candiani, M., & Salvatore, S. (2022). New Innovations for the Treatment of Vulvovaginal Atrophy: An Up-to-Date Review. Medicina (Kaunas, Lithuania), 58(6), 770. https://doi.org/10.3390/medicina58060770 

  5. Edwards, D., & Panay, N. (2016). Treating vulvovaginal atrophy/genitourinary syndrome of menopause: how important is vaginal lubricant and moisturizer composition?. Climacteric : the journal of the International Menopause Society, 19(2), 151–161. https://doi.org/10.3109/13697137.2015.1124259 

  6. Danan, E. R., Sowerby, C., Ullman, K. E., Ensrud, K., Forte, M. L., Zerzan, N., Anthony, M., Kalinowski, C., Abdi, H. I., Friedman, J. K., Landsteiner, A., Greer, N., Nardos, R., Fok, C., Dahm, P., Butler, M., Wilt, T. J., & Diem, S. (2024). Hormonal Treatments and Vaginal Moisturizers for Genitourinary Syndrome of Menopause : A Systematic Review. Annals of internal medicine, 177(10), 1400–1414. https://doi.org/10.7326/ANNALS-24-00610 

  7. Cox, P., & Panay, N. (2019). Vulvovaginal atrophy in women after cancer. Climacteric: the journal of the International Menopause Society, 22(6), 565–571. https://doi.org/10.1080/13697137.2019.1643180 

  8. Dos Santos, C. C. M., Uggioni, M. L. R., Colonetti, T., Colonetti, L., Grande, A. J., & Da Rosa, M. I. (2021). Hyaluronic Acid in Postmenopause Vaginal Atrophy: A Systematic Review. The journal of sexual medicine, 18(1), 156–166. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2020.10.016 

  9. Sarmento, A. C. A., Kamilos, M. F., Costa, A. P. F., Vieira-Baptista, P., Eleutério, J., Jr, & Gonçalves, A. K. (2021). Use of Moisturizers and Lubricants for Vulvovaginal Atrophy. Frontiers in reproductive health, 3, 781353. https://doi.org/10.3389/frph.2021.781353.

  10. Potter, N., & Panay, N. (2021). Vaginal lubricants and moisturizers: a review into use, efficacy, and safety. Climacteric : the journal of the International Menopause Society, 24(1), 19–24. https://doi.org/10.1080/13697137.2020.1820478 

 

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